CRV Izcalli

El camino y la historia de las Ciclovías Recreativas ha tenido históricamente altos y bajos. Hay administraciones y autoridades que adoptan la iniciativa y la llevan a la práctica, perdurando por años y por décadas, volviéndose una tradición. Pero también hay otras realidades. Hay administraciones que empiezan a dudar ante las presiones o que son reemplazadas por autoridades no tan convencidas, dubitativas o con una visión de ciudad en donde ésta tiene casi como principal función el dar facilidades casi ilimitadas y constantes al flujo vehicular motorizado.

Bajo una mirada de este tipo, la Ciclovía Recreativa es molesta, es un estorbo y puede peligrar.

Afortunadamente, casos como este último son cada vez más raros. Hoy las Ciclovías Recreativas no hacen más que sumar más y más ciudades al punto que han logrado llegar a todos los continentes. Actualmente, para las ciudades que aún no tienen una, ya no es un dilema el si hay o no hay que hacer una Ciclovía Recreativa en la ciudad. Esta decisión hoy es clara, inequívoca y cuenta con un alto respaldo de experiencias exitosas.

Más problemas, podríamos decir, tienen las ciudades que ya tienen una Ciclovía Recreativa, pues tienen el desafío y el mandato de la ciudadanía de seguir extendiendo en frecuencia y kilómetros una experiencia tremendamente exitosa, transformadora y hasta liberadora y que, por ello, los ciudadanos quieren y piden masificar y expandir en todos los sentidos.

En resumen, lo normal hoy es que las que no tienen, las quieren y las que la tienen, quieren más. Por ello hoy es raro, atípico y un caso excepcional el que presenta la Ciclovía Recreativa de Izcalli, localidad cercana a la Ciudad de México, donde sus nuevas autoridades quieren remover la Ciclovía Recreativa de esta ciudad desde su actual emplazamiento en calles de la ciudad para trasladarla a un par de parques, perdiendo con ello esta actividad -todos los que organizamos o hemos disfrutado de la una Ciclovía Recreativa lo sabemos- parte importante de su atractivo (tomarse las calles), su razón de ser y su sentido simbólico (recuperar espacio que el automóvil ha asumido en exclusiva para él).

Confiamos en que Izcalli retome el rumbo y que ojalá, nunca más en un movimiento como el de las Ciclovías Recreativas -que casi solo conoce de éxitos e inauguraciones de más y más calles transformadas en espacios exclusivos para el paseo y para el juego en ciudades de todo el mundo-, sepamos de ciudades donde sus programas se vean amenazados, jibarizados o desnaturalizados con el fin de volver a una situación inicial que ya todos considerábamos superada.

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